Columnista | Más allá de la contraseña: la identidad digital es el nuevo estándar de la seguridad empresarial

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Por Simbad Ceballos / CEO de OlimpIA

En ciberseguridad hay una realidad que el mundo empresarial ya no puede seguir postergando, el perímetro dejó de ser la red y pasó a ser la identidad. Y esto no es un cambio técnico, es un cambio que impacta directamente la continuidad de los negocios, la confianza de los clientes y la sostenibilidad de las operaciones digitales.

En una economía como la actual, donde cada vez más transacciones, servicios y relaciones con usuarios ocurren en entornos digitales, la pregunta ya no es solo dónde está la información, sino quién logra acceder a ella; esa diferencia define el riesgo.

Ese cambio obliga a revisar una hipótesis que durante años pareció suficiente, creer que una contraseña robusta, por sí sola, podía proteger una operación digital. La práctica ha demostrado que ya no es así. El más reciente informe de Verizon muestra que, en los ataques a aplicaciones web básicas, cerca del 88% de las brechas reportadas involucró el uso de credenciales robadas, mientras que técnicas como el phishing siguen siendo causas recurrentes de incidentes de alto impacto.

Lo relevante no es únicamente la magnitud del problema, sino su evolución. El Microsoft Digital Defense Report 2025 señala que: el 97% de los ataques contra identidades correspondió a modalidades de password spray, una técnica que se aprovecha claves débiles o reutilizadas. Además, evidencia una alta concentración del riesgo, en cuanto al número reducido de infraestructuras que concentra la mayoría de la actividad maliciosa asociada a la autenticación.

Colombia tampoco es ajena a esta tendencia. La Policía Nacional reportó que, durante 2025, las tres principales conductas en delitos informáticos, hurto por medios informáticos, acceso abusivo a sistemas y violación de datos personales, sumaron más de 62 mil denuncias, representando el 88% del fenómeno delictivo registrado.

Por eso, la conversación empresarial ya no debería centrarse únicamente en fortalecer contraseñas, sino en elevar la calidad de los mecanismos de validación. La autenticación multifactor es, sin duda, un avance frente al uso exclusivo de claves. Sin embargo, no todos los segundos factores ofrecen el mismo nivel de protección. Algunos pueden ser interceptados, replicados o vulnerados mediante phishing, malware o ingeniería social.

Ahí es donde la validación biométrica con detección de vida empieza a marcar una diferencia estructural, pues no se limita a verificar un dato o código, sino que permite confirmar que quien intenta acceder es una persona real, presente y autorizada. En otras palabras, traslada la seguridad desde la lógica de “algo que se sabe” hacia la certeza de “quién está realmente del otro lado”.

Este cambio no solo fortalece la protección, también impacta la experiencia. En un entorno donde las empresas compiten por agilidad y confianza, la seguridad no puede seguir siendo una fricción operativa. Debe convertirse en un habilitador de eficiencia, continuidad y reputación.

Ese es el enfoque que hemos impulsado desde OlimpIA. Apostarle a una identidad digital más robusta implica entender que el reto no está únicamente en autenticar usuarios, sino en hacerlo con tecnologías capaces de responder a vectores de fraude cada vez más sofisticados. La validación biométrica con detección de vida permite procesos de verificación más ágiles, intuitivos y confiables, con tasas de error mínimas.

Actualmente, la competitividad digital de una empresa no depende solo de su capacidad de innovar o escalar; depende, en igual medida, de su capacidad de proteger la confianza en cada interacción.

Porque en la economía digital, validar correctamente una identidad no es solo una medida de seguridad. Es una decisión que protege ingresos, reputación y sostenibilidad empresarial.