El robo de datos personales se consolidó como uno de los delitos de mayor crecimiento en Colombia. Lejos de ser un riesgo aislado, hoy hace parte de un fenómeno estructural que combina el aumento de la digitalización con nuevas modalidades de fraude cada vez más sofisticadas.
EL 2025 marcó un punto de inflexión. Según el balance del Centro Cibernético Policial de la Policía Nacional de Colombia, el país se mantuvo en niveles críticos de afectación, mientras en 2024 se superaron las 63.000 denuncias por delitos informáticos, durante 2025 se atendieron más de 13.000 incidentes directos a través del CAI Virtual, reflejando una alta demanda de atención por fraudes digitales.
El impacto también se concentra en las principales ciudades. En Bogotá, por ejemplo, se registraron 25.025 denuncias por estafa en 2025, lo que representa un aumento del 14% frente a 2024, según cifras oficiales. Muchas de estas conductas tienen origen en el uso indebido de datos personales obtenidos a través de redes sociales o canales digitales.
“La identidad digital se ha convertido en un activo crítico. El fraude no comienza con el robo de dinero, sino con el acceso a la información personal”, Simbad Ceballos, CEO de OlimpIA.
Así opera hoy el fraude digital
El panorama no solo muestra crecimiento, sino transformación en las modalidades de fraude digital. De acuerdo con el Informe de Gestión 2025 de la Policía Nacional de Colombia, las más frecuentes involucran datos personales y hacen referencia al:
- Phishing y smishing: responsables de cerca del 45% de los accesos indebidos a cuentas financieras, mediante mensajes fraudulentos.
- SIM swapping y suplantación de WhatsApp: duplicación de líneas telefónicas para acceder a cuentas y contactos.
- Deepfakes y fraude por voz: una tendencia emergente en 2026, donde se usan herramientas de inteligencia artificial para clonar voces y generar engaños creíbles.
Desde la perspectiva de ciberseguridad, este tipo de incidentes responde a modelos internacionales de gestión del riesgo como el desarrollado por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST), que establece cinco funciones clave para contener ataques digitales: identificar, proteger, detectar, responder y recuperar.
En la práctica, esto significa que el fraude basado en identidad suele iniciar con la exposición de información personal, a través de phishing, suplantación o filtraciones, y posteriormente escalar hacia fraudes financieros, accesos indebidos o robo de cuentas.
En este contexto, el fraude digital basado en identidad se enmarca principalmente en ataques de acceso inicial (como phishing o suplantación), que posteriormente escalan hacia fraudes financieros o de uso indebido de la identidad. “Hoy en día se hace cada vez más evidente que en ciberseguridad no solo se trata de reaccionar ante un incidente, la verdadera diferencia está en la capacidad de anticiparse, detectar señales tempranas y recuperar el control antes de que el fraude escale”, explica Ceballos.
¿Qué hacer si sus datos fueron robados? Cinco pasos que marcan la diferencia
Frente a este escenario, OlimpIA insiste en que, aunque ningún entorno digital está completamente libre de riesgos, la prevención sigue siendo la principal barrera frente al fraude. Muchas de las modalidades que están afectando a los ciudadanos y empresas aprovechan configuraciones débiles, reutilización de contraseñas o exposición innecesaria de información personal. Por eso, es clave adoptar hábitos de protección digital para reducir el fraude:
1. Identificar qué información fue comprometida: No todos los incidentes tienen el mismo nivel de riesgo. Si se trata de correos electrónicos o contraseñas, el nivel de exposición es alto porque pueden abrir acceso a múltiples plataformas. Cuando la filtración involucra información financiera, el riesgo puede escalar rápidamente hacia fraudes o movimientos no autorizados.
2. Recuperar el control de las cuentas y fortalecer accesos: El primer movimiento debe ser cambiar contraseñas, comenzando por el correo electrónico. Los expertos recomiendan usar claves únicas y robustas, evitar reutilizarlas entre plataformas y activar autenticación multifactor (MFA), especialmente en banca digital, redes sociales y servicios de mensajería.
3. Proteger la información financiera y el número telefónico: Si existe riesgo sobre datos bancarios, es fundamental contactar de inmediato a la entidad financiera para solicitar monitoreo o bloqueos preventivos. También es recomendable reforzar medidas de seguridad con el operador móvil, ya que modalidades como el SIM swapping buscan duplicar líneas telefónicas para acceder a cuentas y códigos de validación.
4. Denunciar y reducir la exposición de información personal: Reportar el caso ante la Policía Nacional de Colombia permite activar rutas de investigación y dejar trazabilidad frente a posibles usos indebidos de la identidad. Paralelamente, especialistas recomiendan revisar qué tipo de información pública existe en redes sociales, evitando compartir datos sensibles como ubicación en tiempo real, números de contacto o fechas personales.
5. Hacer seguimiento y mantenerse alerta frente a nuevos ataques: El riesgo no termina con la primera acción. Correos sospechosos, accesos desconocidos o intentos de recuperación de cuentas pueden indicar que el fraude sigue activo. Además, es común que las víctimas reciban mensajes o llamadas que aparentan provenir de entidades oficiales para obtener nuevos datos o credenciales.
Mantener dispositivos y aplicaciones actualizadas también reduce vulnerabilidades que pueden ser aprovechadas por ciberdelincuentes.
Un problema que crece con la digitalización
El aumento de trámites y pagos digitales ha ampliado la exposición de los ciudadanos. Cada dato compartido puede convertirse en una puerta de entrada si no se gestiona adecuadamente. Es así como la seguridad digital deja de ser un tema técnico y se convierte en un hábito cotidiano.
Más que reaccionar, anticiparse
El Reporte de hoy deja una conclusión clara, el robo de datos personales no es un hecho aislado, sino una realidad en crecimiento que exige mayor conciencia y acción por parte de los ciudadanos.
Actuar a tiempo, seguir un proceso claro y fortalecer las medidas de protección no solo permite contener el riesgo, sino evitar que la información personal termine en manos equivocadas.
Porque en el entorno digital, proteger sus datos es proteger su identidad.





