Nos reportamos desde las salas de juntas de S&P Global, líder mundial en inteligencia financiera, análisis de datos, calificaciones crediticias y evaluaciones de sostenibilidad, con sede en Nueva York. Resulta que LG Electronics acaba de meter un triplete histórico al quedarse con el sello del Top 1 % en la Evaluación de Sostenibilidad Corporativa de esta corporación, por tercer año consecutivo.
Esta medición analiza con lupa cómo las compañías cuidan el medio ambiente, manejan sus equipos de trabajo y gobiernan sus finanzas internas. Los surcoreanos se anotaron 77 puntos de 100 posibles, la nota más alta de todo el mundo en la categoría de aparatos electrónicos de consumo masivo.
Para dimensionar el logro de este año, hay que ver las cifras de la competencia. De las más de 9.200 empresas evaluadas en todo el planeta, solo 70 lograron entrar a ese selecto grupo del uno por ciento, y LG fue una de las dos únicas marcas de su país en lograrlo. Queda claro así que el asunto no es una racha de suerte, pues la firma también completó 14 años seguidos dentro del Índice Mundial de Sostenibilidad Dow Jones, con lo que superó el récord de cualquier otra empresa de electrodomésticos en Corea del Sur.
Además, otras firmas de análisis financiero como MSCI y EcoVadis subieron sus calificaciones al ver que LG mejoró sus políticas de derechos humanos, limpió su cadena de suministros y le dio más independencia a su junta directiva para evitar malas prácticas.
Detrás de tantos diplomas y clasificaciones abstractas hay metas operativas muy concretas que impactan el día a día. Mientras avanza en la integración de un tipo particular de IA en sus productos, el plan de sostenibilidad de LG es que todas sus fábricas utilicen energía cien por ciento renovable para el año 2050, reduciendo así al mínimo la huella de carbono. En la práctica, esto se traduce en medidas sencillas y directas como cambiar los icónicos empaques de plástico por protectores hechos a base de papel, aumentar el uso de plásticos reciclados en la fabricación de sus neveras o televisores, y diseñar tecnologías de calefacción que consuman menos recursos energéticos en los hogares.
El Reporte de hoy nos deja claro que hacer y vender electrodomésticos ya no es solo asegrarse de laven rápido o enfríen bien, sino de qué lo hagan mediante un proceso tan limpio como sea posible y que, bajo esa óptica, los sellos verdes dejaron de ser una simple estrategia de publicidad para convertirse en el examen de supervivencia de las grandes corporaciones. Que una de las marcas que más dispositivos pone en los hogares del mundo mantenga estas calificaciones demuestra que la eficiencia industrial ya no se puede separar del cuidado del entorno. Lo que viene ahora es ver si el resto de los gigantes tecnológicos aceleran el paso para alcanzar estos estándares o si se quedan rezagados en un mercado donde los usuarios exigen, cada vez más, que los aparatos no le cuesten la vida al planeta.





