Por primera vez en la historia reciente, una posesión presidencial salió de Bogotá. Cali fue el escenario donde Abelardo de la Espriella juró como presidente de Colombia para el periodo 2026-2030, en una ceremonia que rompió protocolos, reunió a líderes internacionales y dejó claras las primeras señales de su gobierno.
Desde muy temprano, Cali dejó de parecer una ciudad cualquiera.
Las caravanas oficiales comenzaron a recorrer las vías, los dispositivos de seguridad cerraban corredores estratégicos y, poco a poco, las delegaciones internacionales empezaban a ocupar sus lugares. La ciudad sabía que no estaba recibiendo simplemente una ceremonia: estaba escribiendo una página inédita de la historia política del país.
Nos reportamos desde la Arena USC, donde Colombia vivió una posesión presidencial distinta a todas las anteriores.
Por primera vez, el juramento del nuevo jefe de Estado no tuvo como escenario el Capitolio Nacional en Bogotá. La decisión de trasladar la ceremonia a Cali fue, desde el comienzo, una declaración política: el presidente Abelardo de la Espriella quiso que el inicio de su mandato enviara un mensaje de descentralización y de protagonismo para las regiones.
Poco antes de las 4:30 de la tarde llegó el momento esperado.
Con el recinto completamente lleno y bajo un fuerte dispositivo de seguridad, Abelardo de la Espriella prestó juramento como presidente de la República para el periodo 2026-2030. A su lado también tomó posesión el vicepresidente José Manuel Restrepo, en una ceremonia que contó con la presencia de jefes de Estado latinoamericanos, altas autoridades internacionales y el rey Felipe VI de España, uno de los invitados de mayor relevancia diplomática.
No pasó desapercibido otro detalle.
Las curules del Pacto Histórico estuvieron vacías. La colectividad del presidente saliente Gustavo Petro decidió no asistir al acto y optó por realizar actividades paralelas, una ausencia que reflejó el ambiente político con el que comienza el nuevo gobierno.
Un discurso con el sello de la campaña
Terminada la ceremonia protocolaria, el nuevo mandatario se trasladó al Batallón Pichincha para pronunciar su primer discurso como presidente.
Allí dejó una de las frases que marcaron la jornada: “Ha comenzado la recuperación del orden, la autoridad y la libertad”, una declaración que sintetiza buena parte del mensaje con el que ganó las elecciones y que ahora busca convertir en hoja de ruta para su administración.
El escenario también rompió con la tradición.
En lugar de hablar desde el Salón Elíptico del Capitolio o desde la Plaza de Bolívar, De la Espriella decidió hacerlo acompañado por integrantes de las Fuerzas Militares, reforzando uno de los ejes que más destacó durante la campaña: la recuperación de la seguridad y el fortalecimiento de la autoridad del Estado.
La ceremonia también tuvo momentos de alto contenido simbólico. Uno de los más emotivos fue el homenaje al senador Miguel Uribe Turbay, recordado durante las intervenciones protocolarias como una figura cuya ausencia marcó la jornada.
Empieza una nueva etapa para Colombia
Con el juramento cumplido, el gabinete prácticamente completo y el Congreso ya instalado con sus nuevas mesas directivas, comienza ahora la etapa más exigente para el nuevo mandatario: convertir las promesas de campaña en decisiones de gobierno.
Los primeros proyectos llegarán en los próximos días al Capitolio, mientras el país observa cómo se traducen en hechos los anuncios sobre seguridad, economía, descentralización, empleo y transformación institucional.
La campaña terminó.
La posesión también.
Desde hoy, cada decisión dejará de medirse por los discursos y comenzará a evaluarse por sus resultados.
Seguiremos reportándonos desde donde ocurren las noticias para contarle, con contexto y sin rodeos, lo que realmente necesita saber.
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