Nos reportamos desde una alerta que millones de colombianos han visto en su celular, pero pocos dimensionan: las llamadas marcadas como “Posible Spam”. Lo que parece una simple molestia diaria se está convirtiendo en una puerta de entrada a fraudes cada vez más sofisticados.
El Reporte de hoy parte de la advertencia de Norton, que señala que este tipo de llamadas no solo incomodan, sino que pueden poner en riesgo las finanzas y la identidad digital de las personas. “Las llamadas clasificadas como ‘Posible Spam’ pueden ser la puerta de entrada a estafas sofisticadas, incluyendo fraudes por ingeniería social, secuestro de cuentas y robo de identidad”, explica Iskander Sanchez-Rola.
Detrás de estas llamadas hay un modelo simple pero efectivo: volumen. Los estafadores operan con listas masivas de números —muchas veces obtenidos de filtraciones de datos— y buscan que alguien conteste. Ese pequeño gesto, atender o interactuar, ya confirma que el número está activo y puede convertir al usuario en un objetivo recurrente.
El riesgo va más allá de una llamada incómoda. Una de las técnicas más comunes es el vishing (phishing por voz), donde los delincuentes intentan obtener contraseñas, códigos o datos bancarios. Incluso, en algunos casos, pueden grabar la voz de la víctima para usarla en fraudes posteriores o suplantaciones de identidad.
Además, hay señales que no se deben ignorar: llamadas repetidas desde el mismo número, códigos internacionales desconocidos o inconsistencias entre el nombre mostrado y el número real. En esos casos, la recomendación es clara: no contestar.
Las herramientas existen, pero muchas veces no se usan. Tanto en Android como en iPhone es posible activar filtros de spam, bloquear números sospechosos o silenciar llamadas desconocidas. También hay soluciones de seguridad digital que ayudan a detectar fraudes más complejos, incluso aquellos impulsados por inteligencia artificial.
El Reporte es claro: estas llamadas no son solo ruido. Son parte de una economía del fraude que evoluciona todos los días. Y en ese escenario, la primera línea de defensa no es la tecnología… es la decisión de no contestar.





