Tus datos no son gratis: el nuevo poder del usuario en la economía digital

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Nos reportamos desde la economía digital, donde cada clic, registro o compra deja una huella que vale más de lo que muchos imaginan. El Reporte de hoy pone el foco en un tema que está redefiniendo la confianza en internet: el control real de los datos personales.

Cada vez que una persona abre una cuenta bancaria, contrata telefonía o compra en línea, autoriza el uso de su información. El problema es lo que pasa después: la mayoría pierde visibilidad sobre quién accede a esos datos y para qué. Según advierte Certena, el gran reto ya no es solo proteger la información, sino devolverle al usuario el control sobre su uso.

Las cifras muestran una brecha clara. De acuerdo con un estudio de Datacrédito Experian, el 62% de los usuarios teme que sus datos se utilicen para fines distintos a los autorizados y el 43% cree que no podría revocar ese acceso fácilmente. Es decir, compartimos datos todo el tiempo… pero no sabemos realmente qué pasa con ellos.

El origen del problema está en un modelo que se volvió costumbre: aceptar términos y condiciones largos, complejos y poco claros. Durante años, el consentimiento fue más un trámite que una decisión informada. Hoy eso está cambiando. La tendencia apunta a que el usuario pueda saber quién usa su información, con qué propósito y, sobre todo, que pueda cambiar de opinión cuando quiera.

Este cambio cobra aún más relevancia en un entorno donde avanzan la inteligencia artificial y modelos como el Open Finance, que dependen del intercambio de datos entre empresas para ofrecer servicios más personalizados. Más datos, sí… pero también más responsabilidad y trazabilidad.

En la práctica, recuperar el control significa cinco cosas muy concretas: saber quién tiene acceso a la información, poder autorizar o revocar permisos fácilmente, entender cómo y para qué se usan los datos, recibir alertas ante accesos no autorizados y, en general, tener experiencias digitales más seguras y personalizadas.

La discusión de fondo es más profunda de lo que parece. Ya no se trata solo de privacidad como un tema legal o técnico. Se trata de confianza. De que el usuario deje de ser un actor pasivo y se convierta en quien decide sobre su identidad digital.

Porque en la nueva economía, los datos son el activo más valioso. Y el verdadero cambio no será dejar de compartirlos… sino entenderlos, gestionarlos y, sobre todo, decidir sobre ellos.