Foto temática de archivo: edificio en construcción en Bogotá, 12 de abril de 2018. EEIM, vía Wikimedia Commons, CC BY-SA 3.0. No identifica los proyectos del anuncio de Camacol.
Nos reportamos desde las cifras que todavía no se han convertido en obra: Camacol calcula que Colombia tiene 98 billones de pesos en proyectos de vivienda que no han iniciado construcción. El gremio presentó el dato en su congreso de Cartagena, celebrado esta semana. Para usted, lo importante es distinguir el potencial económico del dinero ya invertido: aquí estamos hablando de lo que podría ponerse en marcha.
Qué hay detrás de los $98 billones
El comunicado de Camacol del 21 de octubre atribuye el cálculo a Coordenada Urbana, su sistema de información sectorial. La cifra corresponde a más de 1.400 proyectos y cerca de 257.000 viviendas en preventa. Guillermo Herrera, presidente ejecutivo de la Cámara Colombiana de la Construcción, la presentó como una oportunidad para impulsar actividad y empleo.
Preventa significa que un proyecto se ofrece y comercializa antes de completar su construcción. En este caso, el dato divulgado se refiere a iniciativas sin inicio de obra. No describe viviendas terminadas esperando comprador, ni una partida pública ya disponible para entregar subsidios. Cambiar la etiqueta cambiaría también el sentido de la noticia.
El gremio estima un potencial equivalente a 2,3 millones de empleos directos e indirectos. Es una proyección de Camacol, no un conteo de puestos nuevos contratados esta semana. Tampoco significa que todos aparecerían al mismo tiempo. El tamaño del anuncio exige conservar esos matices, aunque a la calculadora le dé por emocionarse.
Por qué no basta con tener proyectos
En su balance del 22 de octubre, Camacol plantea condiciones de financiación, confianza y reducción de barreras para convertir ese potencial en inversión. Es la posición de un gremio interesado en la reactivación del sector; no presentamos su diagnóstico como una comprobación independiente de las causas de cada retraso.
Nuestra lectura es que hay que separar tres momentos: anunciar un proyecto, iniciar su construcción y entregar una vivienda. Entre uno y otro existen decisiones y obligaciones que deben examinarse por separado. Una suma nacional no informa cuándo comenzará una obra particular ni qué condiciones tendrá un hogar para comprar.
Un ejemplo ilustrativo: si una familia estudia una vivienda en preventa, el tamaño del mercado no le dice cuál es el plazo de ese proyecto o qué cubre su financiación. Necesita revisar su caso y los documentos correspondientes. La cifra de Camacol sirve para entender una discusión económica; no reemplaza esa revisión individual ni garantiza el resultado de una compra.
Reconstrucción y reactivación: dos cuentas distintas
El gremio insiste en que reconstruir las zonas afectadas por el terremoto y reactivar la construcción formal deben avanzar simultáneamente. Conviene mantener la distinción: atender una emergencia y desarrollar proyectos comerciales responden a necesidades y mecanismos diferentes. Los 98 billones no deben interpretarse como un presupuesto confirmado de reconstrucción.
En nuestra nota sobre la desaceleración económica de agosto explicamos por qué un indicador agregado requiere mirar sus componentes. Aquí ocurre algo parecido: el potencial constructor solo permite evaluar resultados si luego podemos seguir inicios, ejecución y entregas, con periodos y fuentes comparables.
La noticia abre una oportunidad y una tarea de seguimiento. Preguntemos cuánto de ese potencial efectivamente arranca y qué cambia para trabajadores y familias. Una economía no se levanta únicamente con buenos renders: necesita obras verificables, cuentas claras y compromisos cumplidos. 🏗️





