Operación Ónix: el balance y las preguntas en Cauca

Iglesia de El Tambo, Cauca, en fotografía de archivo de 2014; referencia geográfica que no muestra el operativo

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Foto de referencia geográfica: iglesia de El Tambo, Cauca, 18 de octubre de 2014. Santiagoduy / Wikimedia Commons, CC BY-SA 4.0. Imagen de archivo; no muestra el lugar del bombardeo ni la Operación Ónix.

Nos reportamos desde nuestra redacción digital con el balance de una operación que vuelve a poner al Cauca en el centro de la discusión sobre seguridad. El presidente Abelardo de la Espriella anunció el domingo 25 de octubre que diez integrantes del Ejército de Liberación Nacional (ELN) murieron en la Operación Ónix, realizada en zona rural de El Tambo. El operativo ocurrió el jueves 22: distinguimos ambas fechas para no presentar el anuncio como un hecho sucedido hoy.

Qué informó el Gobierno

Según el mensaje presidencial reproducido por Infobae, entre los fallecidos están alias Marcos Pacífico y alias Ochenta, también conocido como Murillo. Son dos personas: Ochenta y Murillo son los nombres atribuidos al mismo mando. El Ejecutivo los identificó como dirigentes relevantes de esa guerrilla.

El balance atribuyó la operación a las Fuerzas Militares y la Policía Nacional. También reportó siete fusiles, una pistola y dos granadas incautadas, además de un área de campamento para aproximadamente 25 integrantes. Esas cifras corresponden al reporte oficial divulgado; no afirmamos haber inspeccionado el armamento ni realizado una verificación presencial.

La FM explicó que el anuncio elevó a diez el balance inicial de nueve muertos conocido tras el bombardeo. La actualización modifica el número reportado, no la fecha de la operación.

Quiénes eran los mandos señalados

La FM identifica a Marcos Pacífico como Neftalí Riascos Alegría y lo ubica en el Frente de Guerra Suroccidental del ELN y el frente José María Becerra. Según esa información, tenía responsabilidades sobre estructuras con presencia en Cauca, Nariño y Valle del Cauca. Una estructura regional agrupa unidades que operan en una zona; perder mandos puede afectar su coordinación, aunque no permite medir automáticamente cuánto territorio deja de controlar.

El presidente presentó el resultado como un golpe especialmente fuerte contra la organización. Vanguardia recogió esa valoración y su argumento sobre el debilitamiento de los corredores hacia el Pacífico. La tratamos como una evaluación del Gobierno, no como una medición independiente de la capacidad que conserva el ELN.

El resultado militar y la seguridad cotidiana

En nuestra lectura, hay dos preguntas diferentes: qué pasó durante la operación y qué cambia después para las comunidades. Un balance de muertos y armas no responde, por sí solo, si disminuyen las amenazas, mejora la movilidad rural o se sostiene la presencia institucional. Para establecerlo hacen falta seguimiento y evidencia territorial.

También corresponde distinguir los señalamientos de las decisiones judiciales. Las acusaciones que autoridades formulen contra un cabecilla deben identificarse como tales; no convertimos cada atribución en una condena que no hayamos consultado. El mismo cuidado aplica al debate sobre la nueva dirección de la política de paz: una operación no prueba por sí sola el éxito o fracaso de toda una estrategia.

Nos quedamos con una exigencia sencilla: que el balance oficial tenga seguimiento verificable y que la protección de la población sea parte central de la evaluación. Para usted y para quienes viven en estos territorios, la medida decisiva es poder desarrollar la vida cotidiana con seguridad, derechos y presencia efectiva del Estado. 🕊️