El Mundial de Fútbol 2026 dejó una pregunta que va mucho más allá del deporte: ¿quién es el dueño de los datos biométricos que generan los jugadores? Expertas advierten que la tecnología avanza más rápido que las reglas.
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Cuando un futbolista acelera para disputar un balón, ya no solo lo observan el árbitro, el entrenador o millones de aficionados.
También lo hacen cámaras inteligentes, sensores instalados en el balón, chalecos con tecnología de monitoreo y sistemas de inteligencia artificial que registran, en cuestión de segundos, información sobre su velocidad, ritmo cardíaco, nivel de fatiga y rendimiento físico.
Nos reportamos desde una discusión que comenzó en las canchas del Mundial de 2026, pero que terminará llegando a muchos otros sectores: ¿qué pasa cuando la inteligencia artificial conoce más sobre una persona que ella misma?
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Expertas de la firma Posse Herrera Ruiz advierten que el crecimiento de estas herramientas está abriendo un debate jurídico que apenas comienza. La tecnología ya es capaz de recopilar enormes cantidades de información sobre los deportistas en tiempo real, pero las normas que regulan el uso de esos datos todavía no avanzan al mismo ritmo.
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El asunto no es menor.
Imagine que un club quiere contratar a un jugador y, antes de firmar el contrato, analiza datos sobre su fatiga, su resistencia física o incluso la probabilidad de sufrir una lesión.
Esa información puede valer millones de dólares en una negociación.
Pero también forma parte de la historia médica y de la intimidad de una persona.
Ahí aparece el conflicto.
El balón ya es inteligente. Las reglas, todavía no tanto
Según las especialistas, hoy no existen lineamientos internacionales suficientemente claros sobre cómo deben utilizarse estos sistemas de inteligencia artificial dentro del deporte profesional. Esa falta de reglas obliga a muchos clubes a crear sus propios protocolos para definir quién puede acceder a la información, cómo debe utilizarse y qué controles existen para garantizar transparencia.
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Natalia Alarcón, abogada de Posse Herrera Ruiz, describe el deporte de alto rendimiento como “el experimento perfecto” para entender hasta dónde queremos permitir que llegue la inteligencia artificial y dónde deberían comenzar los límites.
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La discusión va mucho más allá de un fuera de lugar detectado por tecnología o de una estadística en la transmisión de un partido.
Aquí se habla de datos biométricos, es decir, información relacionada con el funcionamiento del cuerpo humano, como el ritmo cardíaco o los niveles de fatiga. Ese tipo de datos tiene una protección especial porque puede revelar aspectos muy sensibles sobre la salud de una persona.
Y, al mismo tiempo, representa un enorme valor económico para clubes, patrocinadores y organizaciones deportivas.
Lo que hoy ocurre en el fútbol mañana podría pasar en cualquier empresa
Aunque el debate nació en el deporte, sus implicaciones llegan mucho más lejos.
Cada vez más industrias utilizan inteligencia artificial para recopilar información sobre las personas: relojes inteligentes que monitorean la salud, aplicaciones que registran hábitos de sueño, vehículos conectados que analizan la forma de conducir o dispositivos que miden la productividad en el trabajo.
Por eso, lo que ocurra con la regulación de la tecnología deportiva podría convertirse en un precedente para otros sectores que también dependen del análisis masivo de datos personales.
Laura Torrado, también abogada de Posse Herrera Ruiz, sostiene que el gran desafío consiste en encontrar un equilibrio: proteger los derechos de las personas sin crear una regulación tan estricta que termine frenando la innovación.
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Las próximas discusiones deberán responder preguntas que hoy todavía no tienen una respuesta definitiva. ¿Quién es el dueño de esos datos? ¿El jugador, el club, la liga o la empresa que desarrolla la tecnología? ¿Hasta dónde pueden utilizarse para tomar decisiones deportivas o comerciales? ¿Y quién vigila que no terminen siendo usados de manera indebida?
Quizá el Mundial de 2026 no solo será recordado por sus goles y campeones. También podría pasar a la historia como el torneo que puso sobre la mesa uno de los grandes debates de la era de la inteligencia artificial: cómo aprovechar la tecnología sin perder de vista los derechos de las personas.
Seguiremos reportándonos desde donde ocurren las noticias para contarle, con contexto y sin rodeos, lo que realmente necesita saber.
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