Nos reportamos desde Barcelona, donde el Mobile World Congress volvió a reunir a las grandes empresas de tecnología para mostrar lo que viene en el futuro digital. Y si algo quedó claro en esta edición es que la próxima gran competencia tecnológica no será solo por quién tiene el mejor modelo de inteligencia artificial, sino por quién tiene las máquinas capaces de entrenarlos.
En ese escenario, Huawei presentó una de sus apuestas más ambiciosas: SuperPoD, una arquitectura de supercomputación diseñada para entrenar modelos de inteligencia artificial a gran escala, algo así como los motores que permiten que existan los sistemas de IA que hoy usamos en chats, asistentes virtuales o análisis de datos.
Para ponerlo en términos simples: detrás de cada modelo de inteligencia artificial hay enormes centros de datos llenos de servidores trabajando sin descanso. SuperPoD busca convertirse en una de las infraestructuras capaces de soportar esa nueva economía digital donde la potencia de cómputo se ha convertido en un recurso estratégico.
El sistema estrella de esta arquitectura es el Atlas 950, capaz de integrar hasta 8.192 chips Ascend 950 y alcanzar una potencia de procesamiento que llega a 16 EFLOPS, una medida que en el mundo de la supercomputación indica cuántas operaciones matemáticas puede realizar un sistema por segundo. Traducido al lenguaje humano: estamos hablando de una máquina pensada para entrenar modelos de inteligencia artificial gigantescos, con billones de parámetros.
“La industria está entrando en una nueva fase en la que la inteligencia artificial exige infraestructuras completamente rediseñadas”, explicó Li Peng, vicepresidente sénior y presidente de ventas y servicios de TIC de Huawei, durante el evento.
La arquitectura SuperPoD también incluye sistemas como TaiShan 950, orientados a cargas de trabajo empresariales y procesamiento de propósito general, todo conectado mediante una tecnología llamada UnifiedBus, diseñada para que miles de procesadores trabajen en paralelo como si fueran un solo sistema.
Este tipo de capacidad no se piensa solo para laboratorios tecnológicos. Huawei señaló que estas infraestructuras permitirán impulsar aplicaciones industriales complejas, desde análisis masivo de datos hasta vehículos autónomos capaces de conducir sin intervención humana en determinadas condiciones.
De hecho, uno de los escenarios mencionados durante el congreso fue el desarrollo de conducción autónoma nivel 4, donde los vehículos pueden gestionar todas las tareas de manejo en ciertos entornos sin intervención del conductor.
Pero el anuncio no se limita al mundo de los centros de datos. Huawei lo enmarca dentro de una transición tecnológica más amplia que incluye el despliegue global de 5G-Advanced (5G-A), una evolución de las redes móviles actuales que permitirá mayor velocidad, menor latencia y una gestión más inteligente del tráfico de datos.
Según cifras compartidas durante el congreso, más de 70 millones de usuarios en el mundo ya utilizan redes 5G-Advanced, una tecnología que se perfila como el paso previo hacia el futuro 6G.
En ese contexto, la compañía considera que la industria tiene una ventana de aproximadamente cinco años para consolidar el despliegue de 5G-A antes de dar el salto hacia la próxima generación de conectividad.
Mientras tanto, la empresa también mostró 115 casos de uso de inteligencia industrial y más de 20 soluciones desarrolladas con socios tecnológicos para sectores como manufactura, energía y logística.
Y como si fuera poco, la compañía recordó otro dato que ilustra la escala de esta transformación: al cierre de 2025 facilitó conectividad a 170 millones de personas en zonas remotas de más de 80 países, ampliando el acceso digital en regiones donde internet aún era limitado.
Todo esto deja una idea clara que se repitió en muchos pasillos del congreso: el futuro de la inteligencia artificial no depende solo del software que vemos en nuestras pantallas. Depende, sobre todo, de las gigantescas máquinas que la entrenan detrás del telón.
Porque al final, en la nueva economía digital, la pregunta ya no es solo quién tiene la mejor inteligencia artificial. La pregunta empieza a ser otra: quién tiene la infraestructura capaz de sostenerla. Y esa, probablemente, será una de las grandes batallas tecnológicas de la próxima década.





