Por Simbad Ceballos / CEO de OlimpIA
“La excusa no es la tecnología; la tecnología siempre ha estado ahí”. Durante años, la conversación sobre transformación digital se ha centrado en las herramientas e infraestructura; sin embargo, el verdadero desafío está en cómo construir un modelo de confianza digital que permita a los ciudadanos acceder a servicios cada vez más simples, seguros y sin fricción.
El mundo está avanzando en esa dirección, pues según datos del Banco Mundial el 46% de los países cuenta con programas de identidad digital. En conjunto, representan cerca de 5.000 millones de personas que tienen acceso a ecosistemas donde ciudadanos, empresas y entidades públicas pueden interactuar digitalmente de manera segura.
Los casos más avanzados muestran una tendencia clara; la identidad digital dejó de entenderse como una tecnología aislada para convertirse en una infraestructura nacional que habilita servicios, facilita trámites y fortalece la relación entre el Estado, empresas y ciudadanos.
Colombia ha avanzado en ese camino, pero todavía enfrenta un reto fundamental, evolucionar hacia un ecosistema de identidad digital interoperable. Más que crear nuevas herramientas tecnológicas, es fundamental conectar las capacidades que ya existen para construir una infraestructura capaz de generar valor real para los ciudadanos.
El camino a seguir
En el país se han dado avances importantes desde distintos frentes. Por un lado, las empresas privadas han desarrollado experiencias cada vez más digitales para sus usuarios y se han apoyado en mecanismos de identidad digital para ofrecer mejores experiencias a sus usuarios. Por otro, las entidades públicas han construido plataformas orientadas a facilitar el acceso de los ciudadanos a trámites y servicios del Estado. No obstante, estas iniciativas aún operan de manera independiente; el desafío consiste en interconectarlas para permitir simplificar trámites y mejorar el acceso a los servicios.
Las cifras permiten dimensionar el reto, Colombia cuenta con más de 7,8 millones de personas autenticadas digitalmente y más de 4,2 millones de ciudadanos utilizan la Carpeta Ciudadana. Sin embargo, en un país de más de 54 millones de habitantes, el reto sigue siendo ampliar la adopción y lograr que la identidad digital pase de ser una herramienta utilizada por algunos ciudadanos a convertirse en una infraestructura de uso cotidiano para todos.
Por su parte, La experiencia internacional deja lecciones valiosas. Estonia hizo de la interoperabilidad la base de su ecosistema digital; Brasil implementó niveles de confianza según el riesgo de cada servicio, y Chile se consolidó como referente regional al integrar la identidad digital dentro de una estrategia sostenida de modernización del Estado.
El desarrollo de los ecosistemas de identidad digital más avanzados del mundo ha sido posible gracias a la articulación de los sectores público y privado. Por eso, el éxito de una estrategia nacional no debería medirse únicamente por la cantidad de credenciales emitidas, sino por su capacidad para simplificar trámites y facilitar el acceso.
Ahora Colombia necesita crear una hoja de ruta que permita dar ese salto; esto implica definir una Política Nacional de Identidad Digital, establecer niveles de confianza de acuerdo con el riesgo de cada operación, avanzar en mecanismos de interoperabilidad y reúso de datos, facilitar una apertura segura de fuentes de información y contar con una gobernanza clara.




